La agente que convirtió el seguro de vida en una trama criminal.
Nomia Rosemary Ndlovu, conocida en Sudáfrica como “la policía asesina”, protagonizó uno de los casos criminales más estremecedores de los últimos años. Entre 2012 y 2018, la entonces agente del Servicio de Policía sudafricano fue responsable de la muerte de su pareja y de al menos cinco familiares, a quienes habría asesinado con un objetivo tan frío como calculado: cobrar las pólizas de seguro de vida y de sepelio contratadas a su nombre.
Ndlovu nació hacia 1978 en una aldea cercana a Bushbuckridge, en la provincia de Mpumalanga. Cursó la escuela primaria y secundaria en la zona hasta que se mudó a Johannesburgo en busca de mejores oportunidades laborales. Allí ingresó al Servicio de Policía de Sudáfrica, recibió formación específica y fue destinada a la comisaría de Tembisa, donde llegó a ascender al rango de sargento.
Ante sus colegas, se mostraba como una funcionaria respetada, aunque muchos recordaban su fuerte adicción al juego y sus frecuentes ausencias para escapar de los prestamistas. Detrás de esa fachada de agente dedicada, se fue gestando una trama de homicidios ligada al negocio de los seguros.
El primer crimen atribuido a Ndlovu se remonta a marzo de 2012, cuando su primo Madala Witness Homu apareció muerto a golpes en Olifantsfontein. Por esa muerte, cobró más de 131.000 rands en concepto de seguro. Un año más tarde, en junio de 2013, su hermana Audrey fue hallada sin vida en la casa de la propia policía, con signos de envenenamiento y estrangulamiento. La indemnización por esa póliza trepó a 717.421,17 rands.
Ese mismo mes, su sobrina Zanele Motha apareció golpeada hasta la muerte y Ndlovu recibió otros 119.840 rands. La violencia escaló en octubre de 2015, cuando su pareja y padre de su hijo, Maurice Mabasa, fue asesinado de manera brutal: su cuerpo fue encontrado con más de 76 puñaladas en Olifantsfontein. Otra vez, la agente cobró más de 131.000 rands por las pólizas contratadas a nombre de la víctima.
La seguidilla continuó en abril de 2017, cuando su sobrino Mayeni Mashaba fue hallado muerto en Olifantsfontein, apenas un día después de haberse reunido con ella. La última víctima identificada fue otro sobrino, Brilliant Mashego, hijo de Audrey. El joven fue visto por última vez junto a Ndlovu el 22 de enero de 2018, en Bushbuckridge, y apareció asesinado dos días más tarde en la misma zona.
Con la sucesión de muertes dentro de un mismo círculo familiar y la reiteración de pólizas cobradas, los investigadores comenzaron a sospechar. Las autoridades policiales y judiciales detectaron que, en gran parte de los casos, las víctimas habían sido vistas por última vez en compañía de Ndlovu. Esa coincidencia fue clave para colocarla en el centro de la investigación.
En el juicio, la ex policía admitió haber contratado seguros funerarios para Brilliant Mashego, la última de las víctimas de la cadena de crímenes.
El caso terminó de desmoronarse cuando Ndlovu fue filmada intentando contratar a un policía encubierto y a otro hombre —que se hacían pasar por sicarios— para que asesinaran a su hermana Joyce y a los cinco hijos de esta, quemándolos vivos dentro de su casa. La operación encubierta permitió detenerla y cerrar el cerco probatorio en su contra.
Hoy, la historia de Nomia Rosemary Ndlovu es analizada como un ejemplo extremo de cómo la combinación de vulnerabilidad económica, adicción al juego y acceso a información sensible sobre seguros puede derivar en una trama de homicidios seriales, donde el afán de lucro se impone incluso sobre los lazos familiares más íntimos. (Fuente: Diario El Norte)