ELECTROMOVILIDAD Y SEGURIDAD VIAL: LOS DESAFÍOS QUE YA ANALIZA EL SECTOR ASEGURADOR

El ingeniero Fabián Pons, director del Observatorio Vial Latinoamericano (OVILAM), analizó el impacto que comienza a generar la movilidad eléctrica en la seguridad vial y en el sistema de respuesta ante siniestros.


El ingeniero Fabián Pons, director del Observatorio Vial Latinoamericano (OVILAM), analizó el impacto que comienza a generar la movilidad eléctrica en la seguridad vial y en el sistema de respuesta ante siniestros.



El ingeniero Fabián Pons, director del Observatorio Vial Latinoamericano (OVILAM), analizó el impacto que comienza a generar la movilidad eléctrica en la seguridad vial y en el sistema de respuesta ante siniestros. Asegura que no aparecen nuevos tipos de accidentes, pero advierte sobre la necesidad de capacitación para fuerzas de emergencia, protocolos específicos para el rescate y nuevos desafíos para las compañías de seguros.

La irrupción de los vehículos eléctricos e híbridos empieza a instalar interrogantes en distintos eslabones del sistema vial, desde la prevención de accidentes hasta la asistencia posterior a un siniestro. Para el ingeniero Fabián Pons, sin embargo, el cambio tecnológico no implica necesariamente la aparición de nuevos tipos de accidentes. Según explica, la dinámica de los siniestros continúa siendo esencialmente la misma y las estructuras de los vehículos no presentan diferencias sustanciales respecto de los automóviles tradicionales.

El único aspecto que suele mencionarse como posible factor de riesgo es el bajo nivel de ruido de estos vehículos, especialmente en entornos urbanos. “Lo único que se podría llegar a argumentar es lo silenciosos que son ante posibles atropellos de peatones”, señaló el especialista, aunque relativizó el impacto de esta variable al remarcar que, si todos los actores del tránsito respetaran las normas de circulación, el hecho de que un vehículo sea silencioso no debería representar un problema relevante. Además, recordó que el atropello a peatones no constituye la principal causa de muertes en siniestros viales, aunque en las ciudades sí mantiene una incidencia significativa.

Donde sí aparecen diferencias es en el abordaje posterior a un accidente. Pons explica que durante el choque propiamente dicho el comportamiento del vehículo no difiere demasiado de uno convencional, ya que la estructura es similar y los sistemas eléctricos de alta y baja tensión funcionan de manera independiente. El desafío aparece después, especialmente cuando los equipos de rescate deben intervenir para liberar a personas atrapadas dentro del vehículo, ya que en esos casos resulta imprescindible conocer los procedimientos de desconexión de las baterías y los puntos del vehículo por donde circulan los cables de alta tensión.

Ese conocimiento técnico exige capacitación específica para los equipos de emergencia. Según el especialista, todavía no existe en el país una preparación generalizada para intervenir en este tipo de situaciones. “No creo que las fuerzas de seguridad estén todavía preparadas a nivel nacional para trabajar con estos vehículos”, sostuvo, al explicar que la baja penetración de la tecnología en el parque automotor argentino hace que la capacitación todavía no sea una prioridad en muchas jurisdicciones.

La propia realidad energética del país también condiciona la velocidad de expansión de esta tecnología. De acuerdo con el análisis del director de OVILAM, la matriz energética argentina —basada fundamentalmente en el gas y el petróleo— no está alineada con un desarrollo acelerado de la electromovilidad, a diferencia de lo que ocurre en países como Uruguay, donde la generación eléctrica tiene mayor protagonismo, el territorio es más reducido y las distancias son considerablemente más cortas.

En ese contexto, Pons considera que el crecimiento del parque automotor electrificado en Argentina probablemente se incline más hacia los vehículos híbridos que hacia los eléctricos puros. El principal obstáculo, sostiene, sigue siendo la autonomía, una variable clave en un país de grandes distancias donde todavía no existe una red de infraestructura de recarga suficientemente extendida.

El avance de esta tecnología también plantea desafíos para el sector asegurador, particularmente en lo que respecta a la asistencia mecánica y a los procesos de reparación posteriores a un siniestro. Según advierte el especialista, incluso operaciones habituales como el remolque requieren precauciones especiales, ya que algunos vehículos eléctricos no pueden ser trasladados con las ruedas girando porque el propio movimiento puede generar electricidad y provocar daños en los sistemas.

Pero el interrogante más complejo, señala, está relacionado con la reparación. Muchos talleres tradicionales de carrocería y pintura no están preparados para intervenir sobre vehículos electrificados, por lo que en muchos casos será necesario que primero pasen por un concesionario o un taller especializado donde se desenergice completamente el sistema eléctrico antes de cualquier intervención.

En definitiva, aunque la presencia de estos vehículos todavía es limitada en las calles argentinas, el proceso de transición tecnológica ya empieza a plantear desafíos concretos. Para Pons, la clave será anticiparse con capacitación, protocolos y adaptación de los servicios vinculados al tránsito y al seguro, antes de que la electromovilidad alcance una escala mayor dentro del parque automotor.