Por Mariano Gauto.
Mucho se habla, sobre todo cuando hay errores o liquidaciones que no superan las expectativas del proceso en el cual intervino un Liquidador Matriculado. Obviamente éste proceso no solo se trata de hacer números y comparar sumas aseguradas, nada más.
Lejos de esa simple tarea está la del liquidador, y cada caso asignado por la Aseguradora, comprende muchísimas aristas y situaciones aleatorias que parecieran que se definen siempre de manera impersonal, pero la realidad es que en cada evento que nos toca intervenir los números están al final del desarrollo de liquidación.
Al tomar primer contacto con la persona que ha sufrido un siniestro tratamos siempre de colocarnos en su postura, entendiendo el momento crítico que ha debido atravesar, entendemos que del otro lado del teléfono está un ser humano como nosotros, que necesita además que demos una respuesta, porque somos la cara visible de la Aseguradora luego de que él/ella denunciaron el evento. Incluso tratándose de un gran daño en una empresa también somos atendidos por otra persona que representa los intereses de su entorno.
Colocarnos en el lugar de quién ha pasado por un siniestro es nuestro primer paso, obviamente luego pasamos a lo técnico organizando fechas de inspecciones en campo, relevamientos de daños y todo lo necesario para establecer las causas del daño y cuantificar el valor real de dicha pérdida.
Muchas veces se nos pone en el lugar de los malos de la película y es ciertamente difícil de apartarse de ese imaginario social, debido a que tenemos que cerrar el caso con las especificaciones técnicas que corresponden según cada póliza y cada asegurado. Otras, por no decir siempre debemos batallar contra los intentos de fraudes, tan frecuentes como tormentas hay en el país. Nota aparte, muchos agradecemos tener una herramienta fundamental que es el Sistema Fénix de la AALPS como para minimizar los riesgos y hacer difícil la tarea de aquellos que consideran el seguro como una caja de ingresos propia, a expensas de la contribución de primas de todo el resto del mercado asegurado.
Es difícil, además, porque más allá de superar las metas y escollos del proceso de liquidación en sí, luego del cierre del caso debemos avocarnos al proceso del cobro de ese siniestro, que muchas veces se torna (dependiendo quién nos encomienda la labor) un trabajo más que se suma a la matriz del proceso. Convirtiéndose en lo que llamo la triple T, se trabaja para conseguir el caso, se trabaja para liquidar correctamente el caso y cerrarlo, y luego se trabaja para cobrar el caso.
Aquellos que han navegado en las mismas aguas entenderán lo que trato en estas líneas de explicar. Y más allá de que todos los días se trata de invertir ese descrédito con acciones puntuales, como capacitaciones (no solo a los insertos en el mercado) a nuestros círculos más cercanos, y a la población en general que se interesa por el ecosistema asegurador, soy un ferviente promulgador de que llegará el día en que esa educación aseguradora no hará falta. Porque los engranajes que mueven la máquina del seguro, estarán tan aceitados, que cada cual sabrá su rol, sabrá sus derechos y también sus obligaciones, como así también el alcance de sus actos.
Buenos tiempos llegarán!!
Por Mariano Gauto
Liquidador, Titular de MG Peritajes,
Miembro de la Comisión Directiva de la Asoc. Argentina
de Liquidadores y Peritos en Seguros